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Jueves 29 de octubre de 2026
La economía argentina enfrenta una contradicción cada vez más difícil de disimular para el Gobierno de Javier Milei: mientras la Casa Rosada multiplica los anuncios de inversiones y presenta al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como una de las principales apuestas para reactivar la producción, los datos muestran que el capital efectivamente movilizado continúa en retroceso. En septiembre, la inversión cayó un 5,2% mensual y acumuló una contracción del 7,6% en los primeros nueve meses del año, de acuerdo con el informe de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM-OJF), elaborado por el estudio de Orlando Ferreres y procesado por Agencia Noticias Argentinas.
Medida en dólares, la inversión alcanzó los US$ 8.540 millones durante septiembre, una cifra que contrasta con los anuncios multimillonarios que el Ejecutivo difunde como prueba de la confianza empresarial en su programa económico. El problema es que los montos anunciados para proyectos de largo plazo no equivalen a desembolsos inmediatos. Las inversiones pueden ejecutarse por etapas y distribuirse a lo largo de varios años, por lo que el impacto concreto sobre la actividad, el empleo y la producción puede resultar mucho menor que el exhibido en las presentaciones oficiales.
El deterioro de la inversión plantea un interrogante central sobre la estrategia económica libertaria: ¿cómo pretende el Gobierno impulsar la actividad si el capital productivo no muestra señales consistentes de recuperación?
La inversión es una variable decisiva para ampliar la capacidad productiva, modernizar la industria, generar empleo y sostener el crecimiento. Sin embargo, el informe de OJF advierte que continúa debilitada y que, en el corto plazo, no aparecen señales suficientes para anticipar una recuperación durante los últimos meses del año.
El panorama se vuelve más complejo porque el crédito tampoco logra convertirse en un motor sólido de expansión, mientras el Gobierno mantiene cerrada la posibilidad de recurrir a la emisión monetaria como instrumento de estímulo. En ese contexto, la llegada de inversiones genuinas adquiere una importancia estratégica: sin nuevos capitales destinados a ampliar la producción, la economía queda expuesta a una recuperación frágil y desigual.
El contraste entre los anuncios oficiales y los desembolsos efectivos también obliga a revisar el alcance de la política de incentivos. El RIGI puede facilitar proyectos de gran escala, especialmente en sectores como la minería y la energía, pero sus resultados dependen de que las inversiones se concreten, avancen en sus distintas etapas y generen efectos sobre la actividad económica. Los anuncios, por sí solos, no crean puestos de trabajo ni garantizan una mejora inmediata de la producción.
Los datos de septiembre reflejan dificultades que van más allá de la construcción. Según el relevamiento de OJF, la inversión registró una caída interanual del 12,3%. Los equipos nacionales retrocedieron un 3,8%, mientras que los bienes de capital importados se desplomaron un 17,2%. En el acumulado de los primeros nueve meses, la contracción de estos componentes alcanzó el 11,5%.
La caída de los bienes de capital importados constituye una señal particularmente relevante porque este rubro comprende maquinaria y equipamiento necesarios para ampliar o renovar la capacidad productiva. Su retroceso puede limitar la modernización de las empresas y dificultar la recuperación de sectores que necesitan incorporar tecnología para mejorar su competitividad.
En términos políticos, los números ponen en discusión uno de los argumentos centrales del oficialismo: que la estabilización macroeconómica y la desregulación serán suficientes para desencadenar una ola de inversiones capaz de transformar la estructura productiva argentina. Hasta ahora, los datos muestran que esa expectativa todavía no se traduce en una recuperación generalizada del capital invertido.
La situación también expone los límites de un modelo que apuesta a determinados sectores exportadores como principales motores de crecimiento, mientras otras actividades enfrentan dificultades para recuperar su dinamismo. Una economía puede recibir grandes inversiones en proyectos específicos y, al mismo tiempo, mantener debilitada la inversión del conjunto de sus empresas.
Dentro de un escenario mayoritariamente negativo, la construcción mostró una señal favorable: creció un 4,5% interanual en septiembre, después de cinco meses consecutivos con resultados negativos. Sin embargo, el sector todavía acumula una caída del 2,6% en los primeros nueve meses del año.
El dato positivo permite observar una mejora puntual, pero no alcanza para confirmar un cambio de tendencia. La construcción tiene un peso importante en la generación de empleo y en la actividad de numerosas industrias vinculadas, por lo que una recuperación sostenida podría contribuir a dinamizar otros segmentos de la economía.
No obstante, el desempeño del sector convive con la caída de los equipos nacionales e importados, una combinación que deja un saldo negativo para el indicador general de inversión.
"La inversión continúa débil. Si bien los datos del sector de la construcción mejoraron, los registros de importaciones de bienes de capital para el noveno mes mostraron una fuerte caída, dejando un saldo negativo para el agregado", señaló el informe de OJF.
El estudio fue todavía más prudente al analizar las perspectivas inmediatas: "Mirando hacia adelante, en el corto plazo no hay indicios que permitan esperar una reacción de la inversión en los últimos meses del año".
El informe también reconoce que, en una perspectiva de más largo plazo, una mejora de las condiciones macroeconómicas, una eventual recuperación de la actividad y el desarrollo de la minería y la energía podrían contribuir a elevar los niveles de inversión. Sin embargo, esa posibilidad depende de que las expectativas se transformen en proyectos ejecutados y desembolsos concretos.
Para el Gobierno, el desafío consiste en demostrar que el programa económico puede superar la estabilización de algunas variables y traducirse en una expansión productiva capaz de sostener el empleo y mejorar los ingresos. La caída de la inversión muestra que ese proceso todavía enfrenta obstáculos importantes.
La discusión no se reduce a cuánto dinero prometen aportar las grandes empresas, sino a cuánto capital se invierte efectivamente, qué sectores reciben esos recursos, cuánta producción adicional generan y cuántos puestos de trabajo permiten crear. Son esas variables, y no solamente los montos anunciados, las que determinarán el impacto real de la política económica.
La caída de la inversión vuelve a poner bajo presión el relato oficial de una recuperación en marcha. Con el capital productivo debilitado, el crédito sin consolidarse como motor de crecimiento y los anuncios que todavía deben convertirse en desembolsos, el Gobierno enfrenta una pregunta incómoda: cuánto tiempo puede sostener las expectativas de reactivación si la inversión real sigue sin responder.
Con información de NA / Imagen: Ámbito Financiero / Redacción: La Rosca